miércoles, 8 de diciembre de 2010

Historia de una afición

HISTORIA DE UNA AFICIÓN: el nacimiento de un observatorio

Autodidacta, a los diez años ya siento curiosidad por los fenómenos relacionados con la astronomía. A mediados de los años 70 me compran mi primer anteojo, un doblete de 50x50 con el que "descubro" las manchas solares, los satélites de júpiter, los anillos de saturno y los cráteres de la Luna entre otras cosas, lo cual hace que mi interés por la astronomía vaya en aumento.

Mi primer libro "observación del Cielo" traducción de "The Sky Observer´s Guide", junto con las publicaciones periódicas como "Algo" me hacen sentir aún más la necesidad de ver "MAS ALLA". Me preparo mis propios mapas para seguir lluvias de estrellas. Comparto observaciones con otros aficionados.

Sobre la misma década, intento montar un refractor de 20 cm tras hablar con J. Costas constructor de espejos, me da a entender, que no es tan fácil la misión por diversas razones, y me decido a obtener un telescopio comercial. Me inclino por los refractores por razones de comodidad en su manejo. A finales de los 70 adquiero un Polarex de 102 X 1500 mm , con lo cual puedo adentrar mucho mejor en la observación del Universo que nos rodea.

Observo galaxias en la Osa Mayor, cúmulos en Hércules y sobre todo lo que más me fascina es la morfología planetaria. Plasmo sobre el papel detalles planetarios de Marte, Júpiter, Saturno, junto a detalles de manchas solares y otros cuerpos celestes. Todo ellos tras muchas noches viendo amanecer pues el placer que sentía metido en mi pequeño observatorio de ciudad recompensaba cualquier sacrificio.

Fue entonces cuando me hice un pequeño cobertizo con solamente dos puertas que me daban una visión muy reducida por limitarla los edificios colindantes. Como suele ocurrir en estos casos, siempre se desea llegar "Más allá" y a principios de los 80 me corría por la cabeza la idea de poseer un telescopio mayor.

He de decir que paralelamente a la observación del macrocosmos también le dediqué algún tiempo al microcosmos, llegando a obtener imágenes fotográficas al límite de resolución de la luz visible. Rafes en plancton, poros en escamas de mariposas, cortes perfectos de estomas tanto horizontales, como verticales algo que también requería de buena óptica y material complementario de alta calidad.

No obstante la Astronomía superaba esos límites, pues se presentaba menos accesible y por lo tanto más deseado. Como decía, sobre los ochenta indagué y me informé de cómo obtener un telescopio de dimensiones mayores, en principio me rondaba la idea de un 40 cm. pero no vi tan inaccesible un 50 cm. y aposté por él. Cuando encontré el camino adecuado, tras mucho batallar formé la idea de construir un observatorio propio, pues tenía a mi disposición el sitio adecuado para hacerlo.

¿Cómo? ¿Con qué material? ¿De qué diámetro? Fueron surgiendo preguntas que más adelante describiré la inclinación de las mismas y el porqué. Había visto observatorios de madera con cúpula esférica y rodamiento de pelotas de golf, nuestro compañero Justí fue pionero en España de las mismas. Las había visto de fibra de vidrio y metálicas. Las de madera las consideraba algo frágiles, las de fibra de vidrio difíciles de proyectar, pues necesitaba por lo menos moldes, por lo tanto sólo me quedó la posibilidad del metal el cual podría soldarlo o atornillarlo sin ningún problema pues disponía de las herramientas adecuadas. Lo que más me preocupaba era el doblar los elementos y darles la curvatura adecuada lo cual me lo solucionó un taller de curvados metálicos de perfiles.

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